Antonio es una de esas personas que, a pesar del tiempo transcurrido, te vienen a la mente, fruto de la influencia que ejerció en mí, en el leve tiempo que lo tuve como amigo en la pubertad y sobre todo en mi juventud.
Recuerdo aquellos veranos de los años setenta, en que venía desde Francia de vacaciones y su obsesión con crear arte con los materiales más diversos, desde el barro a las composiciones, a modo de pequeños escenarios de teatro, con todo tipo de materiales.
A través de él fui tomando contacto y despertando mi interés por el arte.
Más adelante, una vez regresado de Francia y con toda su capacidad creadora a tope, volvimos a tomar contacto y recuerdo las tardes en su casa… escuchando música y hablando de los temas más diversos, desde música a política.
No era un amigo corriente en aquella Maracena de mediados de los 70. A través de él y no sin alguna que otra reticencia por mi parte, por inusual, fui descubriendo nuevas formas de expresión, de arte, de comunicación. Del mensaje que se podía transmitir reuniendo a modo de collage (menuda palabreja para un muchacho de pueblo en los 70) distintos fragmentos de obras arte, dándole un nuevo significado, expresando una sátira de la sociedad o simplemente una chispa de humor, de ese humor tan peculiar que Antonio poseía.
Sabíamos de la enfermedad que padecía, pero su muerte, al menos para mí, fue una desagradable sorpresa. Sabíamos o más bien intuíamos, la importancia de su obra. Pero fueron otros los que nos vinieron a recordar el genio innovador y precursor de tantas cosas, que habíamos tenido en Maracena, al alcance de nuestra mano. En este sentido, me viene a la mente la conversación que tuve con el también desaparecido Juan de Loxa, a finales de los 70 y principio de los 80, con motivo de su participación como jurado en un premio de poesía organizado en Maracena. En dicha conversación se declaraba ferviente admirador de la obra de Antonio, indicando el gran desconocimiento que teníamos
de poseer en el pueblo un verdadero genio.
A Antonio no tengo por más que estarle agradecido, por su amistad y por lo que aportó al suscitar en mí el interés por el arte y por la cultura en general. Con él descubrí que era un «collage», descubrí a Frank Zappa, la rebeldía, a Debussy, Emerson Like & Palmer, The Who, Genesis, la capacidad de tener un pensamiento crítico y sobre todo… descubrí el siglo
XXI.
Natalio Carmona

…Y sin saberlo fuiste
Aquello que no es poco
“trop extraordinaire”
lanzando sublimes dardos
a la incertidumbre de lo
“Ordinario”, paseaste por bellos jardines
de fantasía, tu fantasía
cogiste lo mejor de tu tiempo
con la ética del que
se sabe humano
poblaste tu cabeza
de personajes que
escapan de lo mundano
mientras, el amanecer
con verso corto
te sorprendía
en aquel cuarto
desprendido de lo ordinario
sin las vergüenzas de Adán
abandonaste a Eva
tal vez, arrebataste a tu Dios
la divina paciencia del creador
descorriendo los tupidos velos
de lo mediocre
enfrentaste a Platón y San Juan
como a San Jorge con su eterno Dragón
Lorca y Rimbaud
Machado y Santa Teresa
de un Ávila extra-ordinario
con la In-Conciencia
de superar tu propia existencia.
-A la memoria de Antonio-
David Ballesteros Ávila

